Visita a París y Regreso a México
Junio 23 y 24 de 2008
Por Carlos Eduardo Jalife Villalón
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Mientras
Carlos Jalife visitaba las pistas de Rouen-Les Essarts y
Linas-Montlhery, los otros nueve miembros de la Scuderia
Hermanos Rodríguez AC que fueron a presentar una
placa conmemorativa del triunfo de Pedro Rodríguez
en las 24 Horas de Le Mans hace 40 años, aprovecharon
el día libre para visitar París en distintos
grupos.
Al salir rumbo al Metro el grupo principal se encontró
un taller que tenía una moto vintage a la vista y
al acercarse más Iñigo descubrió un
Aston-Martin clásico (DB5) y lo comunicó a
los demás por lo que entraron en masa a verlo, entablaron
conversación con el dueño y ya en confianza
les comentó que había estado en la carrera
panamericana (versión moderna) hace unos seis años
y luego los llevó a ver un tesoro: un Lagonda Rapide
M4R que ganó Le Mans en 1935, el cual tiene a su
cargo para materias de restauración. El auto está
impecable y para mostrarles su funcionamiento lo echó
a andar, y arrancó sin pasusas ni titubeos a la primera
oportunidad.
Tras convivir un rato con el dueño y tomar más
fotos se fueron al Metro para llegar al centro de la capital
francesa y ahí se dividieron para visitar las principales
atracciones, quedando de encontrarse a las 8:00 pm en el
Arco del Triunfo donde los alcanzó Carlos. Ahí
platicaron un rato y luego Víctor, Iñigo y
Nacho se fueron a cenar con un amigo local, mientras el
resto caminaba por los Campos Elíseos y buscaba un
restaurante para comer en las mesas de afuera contemplando
el paisaje. Encontraron una mesa y cenaron cerca de la agencia
de Peugeot que mostraba un modelo del prototipo 308X que
habían visto dos semanas antes en Le Mans además
de algunos autos clásicos y otras bellezas.
Al día siguiente tras entregar las camionetas tomaron
el vuelo de regreso a México, vía Madrid y
en el aeropuerto de Orly se despidieron de Víctor
y su nieto Iñigo, quien viajaban en otro avión
a España, donde vive este último. El viaje
de regreso se caracterizó por las anécdotas
del vuelo y Cesar encontró a unas mexicanas que viajaban
de regreso de Francia y las incluyó en el cotorreo
haciendo más ameno el trayecto de 10 horas desde
Madrid. Y en el aeropuerto Benito Juárez de la capital
mexicana fue hora de decir adiós, pues mientras unos
se iban en camión a Puebla, Cesar tomaba el vuelo
a Monterrey y los demás partían rumbo a sus
casas en la zona metropolitana tras haber cumplido lo que
se habían pactado desde el comienzo del viaje: misión
cumplida….
© CEJV/SHRAC 2008
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