Visita al Circuito Solitude afuera de Stuttgart
Junio 18 de 2008
Por Carlos Eduardo Jalife Villalón
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Tras
un reparador par de horas de compras en el centro de Stuttgart,
los mexicanos de la Scuderia Hermanos Rodríguez AC
que fueron a Le Mans a presentar una placa conmemorativa
del triunfo de Pedro Rodríguez hace 40 años,
pasaron a dejar sus compras al hotel y luego fueron a conocer
el circuito de Solitude, en las montañas vecinas
a la ciudad , donde alguna vez se celebraron pruebas no
puntuables de Fórmula Uno.
Llegaron cuando el sol se ocultaba, pero pararon primeramente
en la antigua recta de meta, donde todavía existe
un edificio del ADAC en el cual se hacía el control
de carrera hace tres o cuatro décadas y que ahora
es el punto de reunión de la rama local del club
alemán de automovilismo. Pudieron apreciar los restos
de los fosos, los cuales cubren la entrada a otra versión
más antigua del circuito a la cual se puede acceder
mediante pago en ciertos días y horas programadas,
y luego recorrieron el circuito de F1 bajo el volante de
Gilberto Niño, quien comandó la FIAT Ducado
en este reconocimiento como buen piloto que es.
El circuito mide 11 kilómetros y pico (medición
muy socorrida cuando se trata de un circuito que ha sufrido
alteraciones por ser carretero) y empieza con una derecha
en casi 90º a la que sigue la sección de subida
bien llamada “miseria” en alemán y luego
serpentea hacia los bosques. En una zona, por la construcción
de la autopista A8 se relleno un tramo de bajada y esa zona
tiene árboles, pero tras una ligera extensión
se puede recuperar el trazo original recorriendo unos 300
metros adicionales. Es un circuito muy demandante, incluso
tiene un semáforo ahora a la entrada de un pueblo,
y su Ese gigante en el segundo tercio del trazo es excepcional,
especialmente para las motos. La zona final es muy rápida,
con curvas de diversos radios y alta velocidad, por lo que
Gilberto aprobó entusiasta el recorrido al terminar
en la zona de fosos.
De ahí intentamos ir al hotel-restaurante en el que
se hospedaban los pilotos que corrían el Solitude
Grand Prix, pero ya no servían comida por la avanzada
hora y tuvimos que ir a cenar a un restaurante italiano
del centro de Stuttgart, donde nos atendió un mesero
cubano y tomamos vino chileno en pleno centro de Alemania.
© CEJV/SHRAC 2008
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